
Nevado con copos pequeños de blanca nieve, digno de contemplar, sabiduría expresa y una gran fragilidad. Pequeñas cuevas que se divisan llenas de misterio parecen estar. La cima se ve cansada de tantos años de solo esperar, en ese alguien que quiera ayudarla, con un solo beso poderla despertar. Caen rayos, truenos y miles de cosas mas encima de aquella colina que no deja de pensar. Dormita dentro de una cueva un alma en soledad, vista por muy pocos ojos con ganas de mirar, tocada por muy pocas manos sin esperar el cambio a dar. Llanura más hacia abajo de verdes y rojos, florecida ya está, a la vista aterciopelada y al tacto,… hay que probar. Dos hermosas gemelas habitan en ese lugar, gemelas de piel y llanto a quien tampoco nadie ha querido escuchar. Llanura, solo hay llanura al pie de este gran altar. De recónditos misterios, la llanura comienza a espesar. Llegando a este punto casi se puede palpar lo suave, frágil e incluso virgen que es aquel lugar, paseado por unos cuantos que no han sabido cuidar.
Cuando marché de aquel sitio no pude más que mirar hacia atrás, sabia que dejaba lo más hermoso que jamás nadie podrá observar. Yo lo vi. Con mis propios ojos, toque, y saboree cada rincón de ese altar y jure ante lo más alto que algún día volvería a pasar. Y aquí estoy postrada ante ella con ganas incluso de llorar, de tanta elegancia, amor, sensibilidad y angustia que emana de este el altar. Incluso llega a ruborizar su presencia, a intimidar. Jamás volveré a irme de su lado pues este es mi lugar.
Cuando marché de aquel sitio no pude más que mirar hacia atrás, sabia que dejaba lo más hermoso que jamás nadie podrá observar. Yo lo vi. Con mis propios ojos, toque, y saboree cada rincón de ese altar y jure ante lo más alto que algún día volvería a pasar. Y aquí estoy postrada ante ella con ganas incluso de llorar, de tanta elegancia, amor, sensibilidad y angustia que emana de este el altar. Incluso llega a ruborizar su presencia, a intimidar. Jamás volveré a irme de su lado pues este es mi lugar.